Los cuerpos nacieron para luchar de Juan Pablo Bagnarol, editorial Palabrava, Colección Rosa de los vientos, Santa Fe, Argentina, 73 páginas, poesía, poesía argentina.

Los cuerpos nacieron para luchar es un título que recupera conscientemente la fuerza de un mandato —entre líneas se escucha y sobrevivirá el más fuerte—. Juan Pablo sabe que los poemas, por sí mismos, harán justicia. En este libro, la voz se ubica, no del lado de quien denuncia una carencia, sino de quien fue despojado sin miramientos. Una sensibilidad demasiado intensa para un varón, un niño que, a la fuerza, aprendió a tragarse las lágrimas. A pesar del arduo entrenamiento para mostrarse duro, solo anhela ahora, en brazos de un hombre, una promesa: no hay dolor más grande que el del amor. La voz poética se sitúa justo entre el dolor y el enojo o un paso más allá: Todo lo que me hicieron / y no me volví malo. / Ese es mi mayor triunfo.

Los cuerpos nacieron para luchar pone en palabras lo que tanto nos cuesta: las cicatrices familiares, la fragilidad, la pena que, con el tiempo, se transformará en orgullo. Se trata de un libro, a todas luces, necesario. Tanto que, una vez comenzada la lectura, nos descubre deseando lo imposible: haberlo leído antes.

Laura Kiener

 

Si usted reside en la Ciudad de Buenos Aires, comuníquese con nosotros para coordinar el envío directamente. Disponemos de ejemplares en la Capital para facilitar la entrega.

Los cuerpos nacieron para luchar de Juan Pablo Bagnarol

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Los cuerpos nacieron para luchar de Juan Pablo Bagnarol, editorial Palabrava, Colección Rosa de los vientos, Santa Fe, Argentina, 73 páginas, poesía, poesía argentina.

Los cuerpos nacieron para luchar es un título que recupera conscientemente la fuerza de un mandato —entre líneas se escucha y sobrevivirá el más fuerte—. Juan Pablo sabe que los poemas, por sí mismos, harán justicia. En este libro, la voz se ubica, no del lado de quien denuncia una carencia, sino de quien fue despojado sin miramientos. Una sensibilidad demasiado intensa para un varón, un niño que, a la fuerza, aprendió a tragarse las lágrimas. A pesar del arduo entrenamiento para mostrarse duro, solo anhela ahora, en brazos de un hombre, una promesa: no hay dolor más grande que el del amor. La voz poética se sitúa justo entre el dolor y el enojo o un paso más allá: Todo lo que me hicieron / y no me volví malo. / Ese es mi mayor triunfo.

Los cuerpos nacieron para luchar pone en palabras lo que tanto nos cuesta: las cicatrices familiares, la fragilidad, la pena que, con el tiempo, se transformará en orgullo. Se trata de un libro, a todas luces, necesario. Tanto que, una vez comenzada la lectura, nos descubre deseando lo imposible: haberlo leído antes.

Laura Kiener

 

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